Si todo esta limpio a mi alrededor, por fin, es porque he decidido cambiar, quiero ser más culto, más limpio, con más sensibilidad ante el arte y el medio ambiente...como esos personajes burgueses y refinados que aparecen en “La montaña mágica” de hecho no me la he acabado de leer, me exige mucho tiempo, pero algún día la acabaré. Quiero ser como los noruegos, o los daneses, que todo lo hacen bien y tienen mucho gusto a la hora de decorar, también son educados y considerados para con sus semejantes...bueno yo no es que conozca a ningún noruego o a algún danés, pero esa es la idea que tengo yo de esa gente.
También voy a empezar a cuidarme, a hacer deporte, comer más fruta...es más ahora mismo, me voy a hacer un zumito de naranjas.
No puedo decir lo que pienso. En momentos como este he aprendido a callarme, a no gritar, a marcharme con el ceño fruncido y con el veneno de mis palabras empujando en mi garganta. Sé que si hablo salpicaré de mierda todo lo que me rodea, y después habrá que pedir perdón.
Cojo la bolsa y me largo. Discutimos mucho últimamente. No sé si la quiero, porque no sé si me quiere.
No sé dónde voy ni dónde estoy, para colmo la bolsa que he cogido es la de la ropa sucia. Estoy más tranquilo cuando he caminado un rato. ¿Dónde puedo ir con una bolsa de ropa sucia?
Entro por primera vez en una lavandería, Después de alimentar la enorme boca de la maquina, espero los cuarenta minutos que dura el programa. Me siento extraño en este lugar, la gente llega con sus trapos sucios, y confieso que me resulta difícil dejar de mirar la ropa ajena que entra o sale del bombo. Hay una tranquilidad extraña oculta en el ruido infernal de las máquinas. Todo es blanco tirando a pálido, los años, imagino.
El fuego me parece luz evolucionada. La luz una larva del fuego. El fuego puede ser destructivo, pero el amor también puede ser destructivo. El fuego hace posible la cocina, y por extensión el placer, como el amor.
El amor y el fuego son primos hermanos, que los poetas convirtieron en metáforas; llamas encendidas por pasiones, y pequeñas llamas que se apagan en un pastel de cumpleaños, no sin antes, formular un deseo de amor.
El fuego inspira y expira, destruye y calienta como un pedazo de sol en este invierno, el más cabrón desde hace cien años.
Después de todo el sol volvió a salir, y todo a mi alrededor seguía el curso lógico de un mundo incomprensible.
Hoy no fumaré. Pensé esto al despertar con la garganta herida y con voz de carajillo, pero seguía llorando sin saber porqué.
Encendí la radio. El café caliente suavizó el vaiven de la nuez suspendida en mi garganta. En el programa que se estaba emitiendo había un buzón de voz. Eran mensajes breves del siglo xxl. Me emocioné con un mensaje anónimo de una mujer optimista. Lloré de nuevo.
La gente salía a borbotones del subsuelo, como una vena de agua subterránea que encuentra la oportuna grieta que mira al cielo.
Me senté a observar desde un banco los rostros de aquellos desconocidos, como quien tras la ventana mira caer la lluvia. Había escogido una boca de metro muy concurrida, una boca caliente y desdentada, muda he incapaz de besar, vomitando al tiempo que tragaba el variado catálogo de individuos. Después de una hora llegué a la conclusión, de que ninguna cara de las mil que habían podido pasar en aquel intervalo de tiempo, ninguna, me había llamado especialmente la atención por su fealdad, nadie me parecía fe@
Espontáneamente inventaba posibles historias, a raíz de la impresión que las personas me causaban, pero lo sorprendente fue descubrir, que a partir de esa impresión nacía un juicio hacia la persona, juicio y sentencia sin posibilidad de apelar, un criterio injusto y a la vez inevitable.
Si vas cagar y tienes tiempo, léete un cuento.
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